Hotel Hostal de la Playa
Llanes | Asturias | España | Europa

Alrededores
Situado a 150 metros de la playa de Barro, a 1 km de las playas de Niembro y Celorio (Torimbia, Toranda, Borizo, Troenzo), a 6 km de la villa de Llanes.
Qué visitar
A 30 minutos de Picos de Europa (Covadonga, Cabrales, Cangas de Onís, ruta del Cares, etc.) y a 50 minutos de las ciudades de Oviedo, Gijón y Santander. 
El viajero
Y el viajero, el turista, el Peregrino que en el Hostal de la Playa se aloja, transita. Y sus cámaras de vídeo se apresuran a recoger el tiempo inmóvil. ¡El tiempo inmóvil!
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Información de interés
Datos prácticos

Hotel Hostal de la Playa

Situación

Estamos en el Camino de Santiago y en Barro (pueblo del concejo o municipio asturiano de Llanes).

Hostal totalmente reformado, situado a 150 metros de la playa de Barro, a 1 km de las playas de Niembro y Celorio (Torimbia, Toranda, Borizo, Troenzo), a 6 km de la villa de Llanes (la localidad más turística del Oriente de Asturias), a 30 minutos de Picos de Europa (Covadonga, Cabrales, Cangas de Onís, ruta del Cares, etc.) y a 50 minutos de las ciudades de Oviedo, Gijón y Santander (las dos primeras, asturianas; la segunda, capital de la vecina Cantabria).

Instalaciones

  • Disponemos de 20 habitaciones, algunas de ellas comunicadas para familias.
  • Las habitaciones 2 y 3 están adaptadas para personas con movilidad reducida.
  • Baño, televisión, calefacción.
  • Disponemos de rampa y ascensor adaptado para personas con movilidad reducida.
  • Parking exterior gratuito.
  • Jardín y terraza.
  • Cafetería, bar, sidrería.
  • Zona Wi-Fi.
  • Aceptamos mascotas (gratis).

Desayunos

  • Buffet libre

Comidas

  • Tapas, raciones
  • Platos combinados
  • Hamburguesas, sándwiches
  • Platos tradicionales asturianos

Turismo activo

La zona ofrece numerosas posibilidades:

  • Canoas
  • Senderismo
  • Rutas a caballo
  • Descenso de cañones
  • Quads
  • Pesca
  • Golf
  • Etc...

El pueblo de Barro de Llanes está hermanado con el pueblo de Barro Ruffec (Chareute) de Francia. Este hermanamiento se gestionó a través de Pierre y Martine Valade, quienes desde hace muchos años vienen al HOSTAL LA PLAYA de BARRO. Los habitantes de ambos pueblos están unidos por una gran amistad, realizándose encuentros frecuentes, unas veces aquí y otras allá. Existe una gran similitud entre los dos núcleos y las gentes.

50 Aniversario del «Hostal La Playa»

Homenaje a sus fundadores: Evangelina Marcos Pesquera y Antonio Sampedro Collado, pioneros del turismo en Barro (Llanes)

Barro:

Ya te lo dice la copla:

Ha bajado Dios del Cielo

a mirarse en tu bahía,

con Él bajaron sus ángeles

y bajó Santa María.

Tal es la belleza de esta aldea, arrullada por la mar salobre y alfombrada por finísima arena de playas que circundan, arropan y adormecen. Se han ido alejado los montes para dejar sitio a sus praderías y han venido los ríos, mínimos y sinuosos a mecer con sus sorniellas «el cansancio de los trajinantes». Todo allí es sosiego, en los plácidos días de la primavera florecida y del otoño silente y del invierno de alejadas nieves. ¡Ah!, pero el regocijado verano acecha. Se ha escondido en las grisáceas nubes, se ha ocultado en el bosque deshojado y, de pronto, de un salto, cayó en medio de la Playa con su mundanal ruido y alegre cascabel. Al aire las tarrañuelas en los dedos repiqueantes de las mozas, al aire las panderetas con sus sonajas, las gaitas con sus jolgorios y el bulle-bulle de la folixa aldeana. La Peregrina procesión de San Roque, ¡San Roquín benditu!, avanza desde su ermita a la iglesia, donde Dios aguarda. El Pendón carmesí, caricia del pueblo a los aires, ondea, los Ramos –pan y flores– enjoyan la senda, los mozos y las mozas –monteras y pañuelos los repicados– lenta, solemnemente, caminan. Se han parado los siglos, los tiempos, los relojes, inmóviles quedaron las hojas de los calendarios. Dios aguarda.

Y el viajero, el turista, el Peregrino que en el Hostal de la Playa se aloja, transita. Y sus cámaras de vídeo se apresuran a recoger el tiempo inmóvil. ¡El tiempo inmóvil!

Barro, en el día de su fiesta. Venga, quien quiera venir, quede quien quiera quedar, prosiga quien proseguir quiera, y cuando llegue a donde haya de llegar…, recuerde: aquí esta Barro, aquí el Hostal «La Playa». Vuelva, le esperamos siempre.

Esperar siempre, sosiego del alma. Alma Peregrina en canciones del CAMINO:

En camino de Santiago

iba una alma peregrina…

por donde el alma pasaba

la tierra se estremecía…

«si eres cosa del desmayo,

de aquí te exconxuraría»,

«si eres cosa desti mundo

dirasme lo que querías».

¡Peregrino del alma, compañero!

Historia de Llanes

Llanes es tierra de sugestiva historia, muy bien estudiada. El hombre prehistórico dejó útiles y grabados, importantes vestigios de su hábitat en gran número de cuevas del concejo, como Balmori, La Riera, Arnero, Trescalabres, Cuetu de La Mina y Cuetu de Lledías, especialmente en el área de Posada y de Balmori. Una cueva próxima a Posada (a unos 300 m de la gasolinera de La Vega), bautizada como Tempranas, totalmente sellada hasta ahora y descubierta casualmente en los primeros meses del año 2001, es el último hallazgo prehistórico, que podría encuadrarse en el Paleolítico Superior. En su interior conserva pisadas humanas, restos fósiles de animales, concheros de mariscos (restos de lapas, bígaros, oricios...) y un gran panel con grabados digitales de líneas y puntos «macarrones» parecidos a los de Altamira. Para los entendidos, el descubrimiento es sumamente interesante por lo raro que resulta hallar huellas humanas de tal antigüedad y la escasez de cuevas que las conservan. La gruta tiene 300 metros de galerías en dos niveles, con salas de estalactitas y estalagmitas de casi 3 m de altura y otros espacios de difícil tránsito.

Del periodo Asturiense, cultura pospaleolítica así bautizada por el conde de la Vega del Sella, destacan las cuevas de El Penicial en Nueva y La Riera en Bricia, así como las manifestaciones características de esta etapa: los concheros, grandes acumulaciones de conchas u otros restos alimenticios en las entradas de las cuevas. Cerca de ellos es frecuente hallar el llamado pico asturiense, tosco utensilio de cuarcita provisto de aguda punta que servía para recolectar los moluscos de las rocas y provocar la rotura de sus caparazones.

El Neolítico, o edad de piedra pulimentada, donde hacen su aparición la ganadería y la agricultura, aporta otras novedades, como las cerámicas, los túmulos (enterramientos) de la sierra plana de La Borbolla, y, en un peñasco prominente del extremo noroccidental de la misma, muy cercano a Puertas de Vidiago, el famoso Ídolo de Peña Tú, declarado Monumento Nacional en 1924, única muestra del Norte de España en pinturas y grabados prehistóricos en el exterior. Se trata de un gran bloque de piedra caliza esculpido por la erosión sobre el que se grabaron y pintaron esquemáticamente de rojo, hoy muy desvaído, un extraño individuo, quizás un hombre notable, y, a su izquierda, un puñal o espada corta. A esta composición principal se suma, en el mismo color, primeramente, un grupo de antropomorfos, uno de los cuales, el más extremo, porta un bastón; luego, series de puntos y, por último, unas cabras. El conjunto de Peña Tú, fechado en torno al año 1500 antes de Cristo, es un monumento de probable carácter funerario. Una verja protege esta estación rupestre, visitable todos los días del año, a la que se llega tras una marcha de unos 25 minutos por un camino ascendente desde la carretera general.

Ocupado en época romana por la tribu cántabra de los orgenomescos, en territorio llanisco no se ha localizado castro o pueblo fortificado alguno, ni ningún otro vestigio de interés correspondiente al periodo de la conquista llevada a cabo por los romanos entre el 27 y el 19 antes de Cristo. Sin embargo, la romanización local ha legado testimonios epigráficos en la lápida dedicada a los dioses Manes, hallada en Lledías, y la estela de Acuana, descubierta en Torrevega, ambas alusivas a los orgenomescos. Una vez conquistado el territorio asturiano de los cántabros, Llanes pasó a pertenecer, administrativamente, al Conventus Cluniense, con capital en Clunia, hoy Coruña del Conde en Burgos.

La Edad Media es un periodo insuficientemente conocido en estas tierras, dada la escasez de fuentes escritas. Desde el s. XI y hasta el siglo XIII, el concejo de Llanes formaba el llamado territorio de Aguilar; con centro administrativo y militar en el castillo de Soberrón, documentado ya en el año 1032, abarcaba, de este a oeste, los valles de Pendueles, Mijares, Celorio, Valdellera (Posada), San Jorge y Ardisana. En el siglo XII se levantaron dos monasterios benedictinos: San Salvador de Celorio y el de San Antolín de Bedón, el primero fundado a principios de esa centuria por Alfonso Suárez y doña Cristilde, matrimonio perteneciente a la pequeña nobleza local, mientras el nacimiento del segundo, del que ya se tienen noticias en dicho siglo, está poco claro al haber sufrido la pérdida de su documentación. Ambos monasterios, aparte de la consabida función religiosa, desarrollaron una importante labor colonizadora y repobladora al poner en explotación sus propiedades agrarias.

Pero de mayor relevancia aún fue la fundación de la villa de Llanes, sobre un lugar no habitado anteriormente, a la que, tal vez en 1228, el rey leonés Alfonso IX (1188-1230) le otorga una carta de población o carta puebla; no obstante, la populatione de Llanes aparece citada ya en un texto del año 1225. Hacia 1270, Alfonso X (1252-1284) aumenta sus derechos con la concesión del Fuero de Benavente, confirmado definitivamente en 1333 por Alfonso XI. Ya en esos momentos hacía gala de su condición de centro comercial del oriente asturiano y activo puerto pesquero. Enseguida contó con muralla; un gran iglesia, intramuros: la parroquial de Santa María de Concejo de Llanes; el hospital de peregrinos de San Roque, fundación benéfico-asistencial, fuera del recinto amurallado; así como varios mercados. Sin embargo, el progreso de Llanes lo sostuvo su puerto, siendo la pesca y el comercio marítimo, favorecido por la ruta costera del Camino de Santiago, actividades claves en el crecimiento económico de Llanes. El puerto llanisco fue beneficiado, en 1338, con la concesión de un alfolí o almacén de sal.

El concejo y la capital no pudieron sustraerse de modo alguno a las disputas dinásticas y señoriales acaecidas durante la Baja Edad Media (s. XIII y XIV). Contraviniéndose con ello el Fuero municipal, Llanes hubo de pasar a formar parte del señorío jurisdiccional de Rodrigo Álvarez de las Asturias, señor de Noreña, como premio a su fidelidad real. Una vez fallecido éste, lo heredará Enrique de Trastámara. Más tarde, a partir de 1440 se hacen con él los Quiñones, por donación de Juan II de Castilla, hasta que los Reyes Católicos lo incorporan a la Corona y le confirman su fuero en 1481.

En las postrimerías del siglo XV la actividad comercial parece estar restablecida. La época dorada se da en el siglo XVI; hay una especialización en la caza de la ballena, desplazándose los pesqueros llaniscos con frecuencia a los caladeros del Gran Sol. La villa de Llanes, que había sufrido dos importantes incendios, uno en 1480 y otro en 1509, recibió, en 1517 y con las secuelas aún visibles del último de ellos, la visita del rey Carlos I, tras desembarcar en Villaviciosa, en lo que suponía su primer encuentro con España, y de camino a Castilla por el puerto de la Palombera, en Cantabria.

Los historiadores José Ramón Martínez Rivas, Rogelio García Carbajosa y Secundino Estrada Luis, en su riguroso estudio sobre la participación asturiana en el descubrimiento, conquista y colonización de América (1492-1599), aportan datos novedosos acerca de la emigración llanisca al Nuevo Continente en ese periodo. Entre la emigración y el desarrollo existe una relación directa; el desequilibrio que se da en Asturias entre el número de habitantes y los recursos durante el siglo XVI se resolvió con la marcha a Madrid, Sevilla, América, etc., constante que no desaparecerá en los siglos venideros. Aunque existe otro tipo de causas, como las espirituales, el deseo de fama y aventura o cierta curiosidad, es el factor económico el que explica el proceso emigratorio. De los aproximadamente 1.115 asturianos que se embarcaron en la empresa americana, que cruzaron, por una u otra causa, el Atlántico entre 1493 y 1599, huyendo de una tierra pobre (Asturias: las Indias de España), que no ofrece nada, en su afanosa búsqueda por mejorar la propia condición social, unas 41 personas eran de Llanes. Su villa y las del resto de la costa asturiana —y sobre todas ellas, la de Avilés—, con la aportación de unos 427 emigrantes (un 38,2% del total), ponen de manifiesto las importantes diferencias existentes entre la marina y los valles del interior. Las zonas del interior, salvo excepciones, y de montaña son más pobres, proporcionan menos emigrantes; no se tiene dinero ni para pagar el billete a América.

«En el siglo XVII —afirma Ramón Sordo Sotres— entra en decadencia la pesca de las ballenas y con ello el puerto de Llanes ve disminuir su capacidad económica, aunque dada su situación estratégica la villa no pierde su papel central en la comarca, status favorecido por la llegada del ferrocarril en 1905».

La guerra de la Independencia tuvo desgraciadas consecuencias para el concejo, donde se libró el 25 de enero de 1810 la importante batalla del río Purón, que supuso la rotura de la línea defensiva asturiana en él establecida por el general Llano Ponte, con la consiguiente ocupación del oriente y centro de Asturias por las tropas napoleónicas, responsables de distintos abusos perpetrados en el municipio. En el trienio liberal, efímero paréntesis constitucional entre 1820 y 1823 durante el absolutista reinado de Fernando VII, varias parroquias del concejo —San Antolín de Naves, San Jorge de Nueva y San Pedro de Vibaño— formaron ayuntamientos independientes. En el transcurso de las guerras carlistas, algunas partidas de éstos irrumpieron en la villa de Llanes.

Estalló la guerra civil en 1936 y las brigadas navarras penetraron en el concejo y tomaron Llanes el 5 de septiembre de 1937, año en que «se libraron importantes batallas en las cumbres del monte llanisco pues contra toda lógica militar la plana mayor del bando nacional ordenó a sus brigadas navarras el avance por lo más enriscado. Finalmente, las tropas republicanas fueron derrotadas y el concejo, mayoritariamente de derechas, quedó en manos de Franco» (Ramón Sordo Sotres), distinguiéndose en la oposición contra el impuesto régimen Horacio Fernández Inguanzo, el Paisano, natural de Llanes, maestro de profesión, miembro del Partido Comunista de España desde 1936 y diputado nacional por Asturias.

Hombres ilustres

Muchas han sido las personas, naturales o asentadas en el concejo, sobresalientes en los campos de la política, la milicia, o las artes y las letras, entre las que conviene acordarse de:

Juan de Llanes. En la emigración llanisca a Ultramar, aunque no significativa a cuanto a número, merece la pena detenerse, en esta ocasión extensamente, para dar a conocer los grandes méritos, en gran medida desvelados por el anteriormente citado trabajo de los historiadores J. R. Martínez Rivas, S. Estrada Luis y R. García Carbajosa, de este explorador y conquistador nacido en la capital del concejo, quien durante la primera mitad del siglo XVI tomó parte en diversos y trascendentales descubrimientos como el haber navegado por todo el Amazonas en compañía del capitán Francisco de Orellana, siendo de los primeros en cruzar todo el continente sudamericano por su parte más ancha. Como otros muchos españoles, Juan de Llanes emigró al Nuevo Mundo en busca de aventuras, fáciles riquezas y fama. Como él mismo declara en la información de servicios que presentó al rey para conseguir mercedes, pasó al Perú hacia el año 1534, poco después de que Francisco Pizarro entrase en Cajamarca. Al poco de llegar, el llanisco partió con el capitán Gonzalo de Olmos al reino de Quito para someter a los indígenas del golfo de Carazque que meses atrás habían arrasado la localidad de Pueblo Viejo. Sobre estas ruinas, los hombres de Olmos fundaron en 1535 una nueva población que llamaron Villanueva de Pueblo Viejo. En los tres años siguientes Perú se vio alterado por la rebelión masiva de los incas contra el dominio español y por las posteriores rivalidades entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el control de la ciudad de Cuzco. Cuando se produjeron estos sucesos, el capitán Gonzalo de Olmos, Juan de Llanes, Francisco de Orellana y los demás componentes de la expedición se hallaban aún en Villanueva de Puerto Viejo. Aunque Juan de Llanes nada dice sobre si tomó parte en estos acontecimientos —en la declaración que hizo omitió algunas de las acciones en que intervino—, creen los historiadores citados anteriormente que debió de participar en ellos ya que, al producirse el levantamiento de los indígenas peruanos, el capitán Olmos salió con sus hombres de Puerto Viejo para socorrer a las ciudades de Lima y Cuzco, sitiadas por miles de incas. Reducidos éstos, Gonzalo de Olmos regresó con su hueste a Puerto Viejo, de donde salió de nuevo para ayudar a Francisco Pizarro contra Diego de Almagro y sus partidarios. Después de la batalla de las Salinas (26 de abril de 1538), donde los almagristas fueron vencidos, Francisco de Pizarro hizo un nuevo reparto de la tierra, nombrando a Francisco de Orellana gobernador de la provincia de la Culata con el encargo expreso de que fundase allí una ciudad. Reuniendo a viejos compañeros de aventuras, como a Juan de Llanes, Francisco de Orellana emprendió la conquista de aquella región situada en torno al golfo de Guayaquil. Aunque el ejército español era bastante reducido, consiguió, no obstante, someter a los belicosos aborígenes que años atrás ya habían destruido por dos veces la ciudad de Guayaquil. El 25 de julio de 1538, el capitán Orellana, en presencia de sus hombres, fundó la nueva ciudad de Santiago de Guayaquil y, acto seguido, repartió los solares entre sus soldados. Poco después, Juan de Llanes entró también a descubrir con dicho capitán la provincia de las Esmeraldas, región ubicada al noroeste de Quito. En todas estas expediciones, el asturiano, como dice el capitán Álvaro de Paz, compañero suyo, «sirvió en el como buen soldado, sin socorro ni ayuda de costa, sino á su propia costa é misión». Concluidas estas empresas, Juan de Llanes se trasladó a Quito, de donde salió a finales de febrero de 1541 para ir con Gonzalo Pizarro a la conquista de los países de la Canela y Eldorado. En el río Napo, entre el Aguarico y el Curaray, el llanisco se embarcó en el bergantín San Pedro, construido semanas antes en la misma selva, y junto con el capitán Orellana y otros hombres se lanzó el 27 de diciembre de 1541 río abajo en busca de vituallas. Atrás quedaron Gonzalo Pizarro y el resto de los españoles e indios. Pero el bergantín nunca regresaría. La fuerte corriente del Napo y luego la del Amazonas se lo impidió, al decir de la mayoría de sus tripulantes. Luego de navegar a lo largo prácticamente de todo el Amazonas en un viaje sin precedentes, Juan de Llanes salió al Atlántico y con los demás supervivientes se dirigió a la isla Margarita, enfrente de las costas venezolanas, desde donde, tras un merecido descanso, regresó a Quito vía Panamá. Meses después, Perú se vio convulsionado por la rebelión de Gonzalo Pizarro contra la promulgación de las Leyes Nuevas, que entre otras cosas prohibían la esclavitud de los indios. Para hacer cumplir estas leyes, Carlos V nombró virrey del Perú a Blasco Núñez Vela, quien en marzo de 1544 desembarcó en Túmbez, donde empezó a reclutar hombres. Tomando partido por la causa realista, Juan de Llanes acompañó al virrey hasta la ciudad de Lima. Pero éste poco pudo hacer frente a la superior fuerza de Gonzalo Pizarro y sus partidarios. Vencido y muerto Núñez Vela en la batalla de Añaquito (18 de enero de 1545), la Corona española envió entonces al licenciado Pedro de la Gasca con plenos poderes para terminar de una vez con la rebelión pizarrista. Nada más conocer que La Gasca venía en nombre del rey a pacificar al Perú, Juan de Llanes fue uno de los soldados que se les unieron y junto a él se dirigió al valle de Jaquijahuana, a 20 km de Cuzco, «donde se dio la batalla al dicho Gonzalo Pizarro por el dicho licenciado Gasca é su gente, donde fué muerto é desbaratado el dicho Gonzalo Pizarro y sus secuaces, é hizo justicia de ellos —recuerda Pedro Domínguez, testigo presencial—, y en dicha batalla se halló en servicio a Su Majestad el dicho Juan de Llanes, é sirvió á su costa y misión con sus armas é caballo, como buen soldado». Restablecida la paz, el asturiano regresó a la ciudad de Quito, de donde salió para ir con el corregidor Antonio de Oznayo a la conquista y pacificación de Lita, Quilca y Caguaqui, pueblos de los términos de aquella ciudad, empresa en la que el llanisco llevó a su costa dos soldados para que sirviesen también en esta campaña. Más tarde, cuando en 1553 se produjo la insurrección de Hernando Girón contra la Audiencia de Lima, Juan de Llanes fue nombrado por el corregidor de Quito jefe de una partida de hombres armados para que pasase al pueblo de Chimbo a defender el paso allí existente. Casado en Quito con una viuda que aportó al matrimonio el repartimiento de indios que tuviera su primer matrimonio, Juan de Llanes se avecindó definitivamente en esta ciudad. En el año 1564 era miembro del Cabildo de Quito, ciudad de la cual fue alcalde ordinario y regidor. «He servido á Vuestra Alteza en otras cosas que se han ofrecido de vuestro real servicio con mis armas y caballos y criados —declara el mismo Juan de Llanes en su Información de servicios—, todo á mi costa y misión, donde he gastado mucha suma de pesos de oro sin habérseme dado ninguna cosa de vuestra real hacienda, y sin haber deservido á Vuestra Alteza en ninguna de las cosas acaescidas en este reino contra vuestro real servicio; y hasta agora no he sido remunerado ni gratificado de mis servicios.» Hallándose pobre, viejo y con hijos, el capitán Juan de Llanes —como lo nombra el historiador Toribio de Ortiguera, quien lo conoció en Quito— rindió en septiembre de 1568 una información de sus servicios para que fuesen debidamente gratificados por la Corona. Lo que pedía al rey era que en justicia se le otorgase una pensión de 4.000 pesos anuales. Hacia 1585 aún seguía viviendo en la ciudad de Quito.

Manuel Rubín de Celis, prosista, poeta y traductor de la segunda mitad del s. XVII, autor de numerosos escritos: Égloga pastoril. Lamentos a la muerte de María Lavanat, primera dama del teatro, Madrid 1765; Discursos políticos sobre proverbios castellanos, Madrid 1767; Carta histórico-médica sobre la inoculación de las viruelas, Madrid, 1773, etc., y traducciones del francés.

El doctor en Teología Pedro de Inguanzo y Rivero (La Herrería, Llanes 1764-Toledo, 1836), cardenal, arzobispo primado de España, diputado asturiano electo para las Cortes de Cádiz, académico de la Real de la Historia y consejero de Estado, extraordinario orador parlamentario y polemista, de vasta cultura teológica y humanística, con obras como El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales (2 tomos, Salamanca, 1820), o la Pastoral al clero y pueblo de la Diócesis de Toledo contra las malas doctrinas y costumbres, Toledo, 1825.

El controvertido político José Posada Herrera (Llanes, 1814-1885), abogado y profesor de Economía Política en la Universidad ovetense, fundador del partido Unión Liberal y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; nombrado ministro de la Gobernación en dos ocasiones, «no había otros triunfos electorales sino los previamente dispuestos por él desde el Ministerio de la Gobernación, al habla y mediante acuerdo con los gobernadores y otras autoridades provinciales, por lo que se le denominaba El Gran Elector» (Constantino Suárez); después de la revolución de 1868, fue embajador en El Vaticano, presidente del Congreso y del Consejo de Ministros; publicó Lecciones de Administración, Estudios sobre Beneficencia pública, Relaciones de la Legislación con la Política, etc.

Un hombre de letras, Gumersindo Laverde Ruiz (1835-1890), catedrático y escritor, a quien el profesor José María Martínez Cachero llama «Asturiano de las dos Asturias, la de Santillana y la de Covadonga»; aunque nació en Estrada, un pequeño pueblo de Val de San Vicente, en Cantabria, se trasladó siendo muy niño a la localidad llanisca de Nueva; luego, estudió Derecho y Filosofía y Letras, fue catedrático de Retórica y explicó Literatura Latina y Española en las Universidades de Valladolid y Santiago; el autor de Ensayos críticos sobre filosofía, literatura e instrucción pública españolas (1868) demostró su asturianismo no sólo en sus poesías, sino en trabajos suyos, como el ensayo acerca de la creación de una «Academia Asturiana».

Ángel de la Moría, seudónimo de Ángel García Peláez (Barrio de La Moría, Llanes, 1858-Llanes, 1895), sacerdote y a la vez el poeta más popular y representativo del bable oriental, quien con 16 años emigra a México, donde se convierte en ministro de Dios; vuelto a su villa natal con 33 años, ejerce el sacerdocio y colabora en El Oriente de Asturias, además de crear y dirigir el periódico La ley de Dios; dio a la imprenta las obras siguientes: El Pozu del Alloral, A teya vana y Recuerdos gratos.

Pepín de Pría (La Pesa, Pría, Llanes, 1864-Nueva, Llanes, 1928), sobrenombre de José Antonio García Peláez, quien, con estudios de Magisterio, tuvo varios empleos, pero ante todo fue poeta en bable, enriqueciéndolo «con numerosas obras, singularmente con Nel y Flor y La Fonte del Cay [...] Estos dos poemas, junto con algunos otros, son unánimemente reputados por los críticos como los más representativos de la lírica de Asturias en el lenguaje vernáculo» (Elviro Martínez).

Amable González Abín (Nueva, Llanes, 1862 - — Piñera de Pría, Llanes, 1911), escritor emigrante a Cuba, en cuya guerra de la Independencia participó, de 1881 a 1887; a su regreso estudia Filosofía y Letras y se vuelca en la docencia y el periodismo; escribió en castellano y bable (Jueyines del mio güertín).

Un adelantado de la fotografía, Cándido García (1869-1925), vallisoletano de nacimiento, aunque residente en Llanes desde que tenía un año de edad.

El también fotógrafo Nicolás Muller (Orosháza, 1913 - Andrín, 3 de enero de 2000), uno de los precursores de la fotografía social, artista universal y llanisco de adopción, nacido en Orosháza —una aldea de Hungría—, cuyo padre era abogado de profesión y presidente de la comunidad judía de la localidad; en 1935-36 se doctora en Derecho y Ciencias Políticas, pero prefiere dedicarse a la fotografía y forma parte del grupo «Descubridores de aldeas»; en 1938 se expatria y se traslada a París, donde vive dos años, colabora con revistas como Regards, France Magazine y Match, y establece contacto con algunos de los grandes maestros de la fotografía; al estallar la 2ª Guerra Mundial viaja a Portugal, desplazándose posteriormente a Tánger; abandona Marruecos en 1947 cuando la Revista de Occidente le invita a celebrar una exposición en Madrid; a partir de esa fecha se afinca en España, empieza a colaborar en la citada revista y abre su propio estudio; en 1947 llegó de la mano de un amigo, el escritor y filósofo Fernando Vela, a Asturias, volviendo desde entonces a Llanes todos los años hasta que, en 1968, construye su casa en Andrín, donde vivió hasta su fallecimiento; el descubrimiento, el 30 de marzo de 2000, de una placa en su memoria junto al chalé que habitó sirvió de prólogo a la apertura, ese mismo día, y hasta el 26 de abril de ese mismo año, de la exposición antológica «Nicolás Muller. Fotografías de una vida», una amplia visión de la obra de Muller, imágenes de Hungría, Portugal, Marruecos y España captadas por el hombre que, en palabras de Ortega y Gasset, «domesticó a la luz».

Ricardo Duque de Estrada, conde de la Vega del Sella (Pamplona, 1870-Nueva, Llanes, 1941), del que interesa, sobre todo, su condición de arqueólogo y naturalista, desarrollando una intensa labor investigadora del más alto nivel, lo que permitió el descubrimiento y exploración de numerosas cuevas del concejo habitadas por gentes paleolíticas y pospaleolíticas; en este campo trabajaron con él estudiosos tan reputados como H. Obermaier, H. Breuil, P. Wernet o E. Hernández Pacheco.

El militar Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (Buelna, Llanes, 1905-1987), jefe del Alto Mayor del Ejército entre 1970 y 1974, embajador de España en El Cairo desde 1976 a 1978 y miembro de número de la Real Academia Española por elección celebrada en enero de 1979.

El poeta Celso Amieva (1911-Moscú, 1988), seudónimo de José María Álvarez Posada, nacido accidentalmente en la localidad cántabra de Puente Sanmiguel, donde su progenitor era maestro, profesión ejercida luego por él mismo; el desenlace de la guerra civil le obligó a pasar a Francia en el año 1939; posteriormente se fue a México, donde trabajó como profesor de castellano, traductor de poemas franceses y colaborador de numerosas publicaciones de toda América, siendo condecorado en 1959 con la Medalla Artística de la Revolución Mexicana por el guión de la película Pueblo en armas; a partir de 1969 fijó su residencia en la URSS, cuyo Soviet Supremo le premió en 1985 con la Orden de la Amistad de los Pueblos; una Antología poética suya, con selección hecha por el vate llanisco Pablo Ardisana, la editó el Principado de Asturias a través de su Servicio de Publicaciones en el año 1985.

José Purón Sotres (Andrín, Llanes, 1912-Llanes, 1987), pintor distinguido con varios premios a lo largo de su carrera, quien se trasladó a Madrid para cursar sus estudios becado por la Diputación de Asturias, para más tarde viajar con beca a Italia y, luego, a Francia; «en su pintura destacan las obras de los años cuarenta, con limpios paisajes de fluida factura y composiciones figurativas, como la Adoración de los pastores (pintada para el Hospicio de Oviedo y rechazada al no haber sido comprendido su realismo), escenas costumbristas y algún autorretrato, en los que evidencia la influencia de sus maestros Eduardo Chicharro y José Ramón Zaragoza» (Javier Barón Thaidigsmann); en 1988, la villa de Llanes, a la que había donado su fondo pictórico, le nombró, a título póstumo, Hijo Predilecto.

Emilio Pola (Llanes, 1915-1967), poeta y escritor, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía, convocado entonces por la revista Blanco y Negro, por su obra La palabra del bosque; notable bablista y experto en toponimia, colaborador de El Oriente de Asturias, miembro del Instituto de Estudios Asturianos (IDEA), dejó una importante obra: Apuntes sobre el bable. Del lución, El Pericote, La sufijación en el bable oriental, El muy noble gremio de mareantes de Llanes, etc.

Javier Ruisánchez, pintor, artífice de la teoría sobre la perspectiva llamada ilustrismo.

Pablo Ardisana, poeta en bable y castellano, nacido en Hontoria (Llanes) en 1940 y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, quien tiene impresos varios poemarios: Única Geografía, Armonía d'anxélica sirena, Azul mirar d'amor...; es autor, también de una antología poética sobre el llanisco Celso Amieva.

Martín López Vega, poeta y escritor, Premio Asturias Joven de Poesía.

También hay que hacer referencia a algunos de los muchos potentados indianos naturales de Llanes que llevaron a cabo una importante tarea filantrópica dentro del concejo: Francisco Mendoza Cortina (1815-1880); Faustino Sobrino Díaz (1827-1900); el primer marqués de Argüelles, Ramón Argüelles Alonso (1832-1900); Manuel Romano Gavito (1833-1909) o Manuel Cue Fernández (1834-1899), fundador del Colegio de La Arquera en la villa de Llanes.

Un residente veraniego habitual, el director de cine asturiano Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), con Aoom, Al diablo con amor, Epílogo, Parranda, Remando al viento, Mi nombre es sombra o El portero, cintas representativas de una arriesgada y controvertida trayectoria cinematográfica, es clave en el boom de Llanes como escenario predilecto de muchos realizadores de cine, televisión o publicidad.

Otro cineasta muy vinculado a Asturias, José Luis Garci (Madrid, 1944), hijo de gijonés, ganador en 1982 de un Óscar al mejor filme extranjero por Volver a empezar, rozó el mentado galardón con El abuelo (1998), basada en la obra homónima de Benito Pérez Galdós, parte de cuyas escenas ha rodado en cautivadores espacios del concejo; con You're the one (Una

Historia de entonces)

, una historia en blanco y negro «de tristezas mudas, silencios elocuentes y vidas en un hilo» (Tino Pertierra) estrenada en octubre de 2000, ha vuelto a los escenarios naturales llaniscos, dejándose ver sus espectaculares playas —que son la imagen del cartel de la película— y Purón.

BIBLIOGRAFÍA

BARÓN THAIDIGSMANN, Javier (coautor): Gran Enciclopedia Asturiana, Gijón, 1996.

CERRA, Yolanda; COLINA, Arturo; VINIEGRA, Yolanda, y otros: Llanes y Ribadedeva, en la colección «Asturias, concejo a concejo», Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo, 1993.

GARCÍA COSÍO, Xosé Firmu: «Llanes», en Diccionario Geográfico de Asturias (Ciudades, Villas y Pueblos), Editorial Prensa Asturiana, Oviedo, 2000.

MARTÍN, Arturo: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 16, edit. Silverio Cañada, Gijón, 1981.

MARTÍNEZ, Elviro: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 9, edit. Silverio Cañada, Gijón, 1981.

MARTÍNEZ RIVAS, José Ramón; GARCÍA CARBAJOSA, Rogelio; ESTRADA LUIS, Secundino:

Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-15

99 (obra inédita).

RODRÍGUEZ MUÑOZ, Javier: «Llanes», en Gran Enciclopedia Asturiana, tomo 19, ed. GEA, Gijón, 1995.

SORDO SOTRES, Ramón: «Llanes», en Asturias a través de sus concejos, 1 tomo, Ed. Prensa Asturiana, Oviedo, 1998.

VARIOS AUTORES: Guía de Asturias, Asturias'92, Oviedo, 1992

Playa La Nixión

La Nixión, de acceso peatonal (sendero) los últimos 300 m. No existe playa en marea alta. • Cala orientada al N-NW • Playa de arena fina y alguna roca. • Longitud: Alrededor de 30 m. • Entorno natural. • Borde costero: Acantilado medio. • Distante de Llanes 4,5 Km. dirección Occidente (Oviedo). Por la AS 263 desviándose a la LLN 9 y destino Celoriu. • Acceso: Por caminos agrícolas desde el pueblo de Celoriu, distante 500 m. Desde la carretera principal de Celoriu, desviarse en dirección al Hostal La Encina, justamente en el cruce, después del hostal, existe un camino a la izquierda (que pasa desapercibido pues se cuela entre unas casas) que lleva a las playas de San Martín, El Arenal etc., cuando llegamos a la cumbre de la subida, desviarse a la izquierda por las fincas para llegar a esta playa. • Aparcamiento: No (se prohíbe llegar con el coche al ser en parte una senda peatonal). Fincas privadas. • Peligrosidad: Alta. • Ausencia de socorristas. • No existen duchas ni agua potable. • No existen servicios (WC). • Ocupación: No tiene.

Pintura «Los cubos de la memoria»

Los datos

• Localización: Escollera del puerto pesquero de Llanes.

Autor: El artista vasco Agustín Ibarrola (Bilbao, 1930) nació en el seno de una familia obrera y compaginó en sus comienzos el trabajo en la fábrica con el arte. En su formación pictórica fue básico el magisterio ejercido por Ruiz Blanco y Vázquez Díaz. Experimentó con material diverso: cartón, cera, cortezas de árboles, traviesas de ferrocarril, piedras calcáreas... Fue miembro fundador del Equipo 57, en París; allí se relacionó con el grupo Arts y Recherches Visuelles, interviniendo en disputas teóricas. Entre sus obras destacan el «Bosque pintado» (Valle de Oma, Vizcaya) y distintas esculturas existentes en autopistas, parques públicos o estaciones de ferrocarril. Ha sido distinguido con la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, que recibió en Madrid el 27 de septiembre de 2001, y anteriormente con galardones como el Premio Francés de la Crítica (1996) y la medalla de oro de las Bellas Artes (1993), en Madrid.

Equipo de trabajo: Agustín Ibarrola ha contado con un equipo de trabajo para acometer la ejecución de este importante reto artístico, del que han formado parte algunos jóvenes artistas llaniscos y trabajadores de empresas locales.

Promueve: Ayuntamiento de Llanes.

Ejecución: dos fases. 1ª fase: julio a octubre de 2001; 2ª fase: julio a octubre de 2003.

Presupuesto: 50 millones de pesetas.

Financiación: externa al Ayuntamiento de Llanes. Obra artística patrocinada por la Consejería de Infraestructuras y Política Territorial y la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, la Caja de Ahorros de Asturias y empresas privadas.

Visita: Gratuita.

Ibarrola crea un paisaje nuevo en el puerto de Llanes, «Los cubos de la memoria»

El artista vasco Agustín Ibarrola ha concluido las dos fases de un gigantesco mural: «Los cubos de la memoria». La primera, localizada en la parte del dique orientada hacia el Sur, se realizó entre julio y octubre del año 2001. La segunda, en el dique Norte, se comenzó a finales de julio y finalizó durante la primera quincena del mes de octubre de 2003, siendo inaugurada el 7 de noviembre de dicho año por Ibarrola, quien pretende crear «una montaña mágica de color alrededor del puerto».

Con «Los cubos de la memoria» Ibarrola ha creado un paisaje nuevo en el puerto de Llanes. Se trata, además, y según sus palabras, «de arte público en el más amplio sentido de la expresión».

La obra es un compendio de nuevos conceptos artísticos resultado de una pormenorizada investigación llevada a cabo por el artista vasco. «Los cubos de la memoria», por tanto, no se puede contemplar ni como un cuadro ni como una escultura, conforma un concepto nuevo del arte en el que el espectador participa interrelacionándose con los múltiples temas, tanto figurativos como no figurativos, engarzados por una estructura ajustada a la geometría de los cubos y a la discontinuidad de sus aristas, prismas y superficies.

Se trata de una intervención artística con distintos niveles de interpretación, pero abierta a todos los públicos.

Por acuerdo del Ayuntamiento de Llanes, el alcalde, Antonio Trevín Lombán, encargó a Ibarrola que llevara a cabo esta actuación en la que el artista pinta en la superficie de los bloques de hormigón tres memorias distintas o mejor una memoria de tres caras que queda encapsulada en los bloques: la memoria del arte, la memoria del artista y la memoria del territorio.

Las pinturas realizadas en la primera fase sobre más de 300 caras de cubos y, también, en algunas piedras de la escollera, presentan multitud de composiciones, que pueden ser observadas desde los más diversos puntos de vista próximos o lejanos, desde tierra o desde el mar. La tridimensionalidad, el colorido y los efectos ópticos, aprovechando el oleaje y las mareas, forman parte de los múltiples atractivos diferenciales de «Los cubos de la memoria».

A partir de ahora, el espigón del puerto pesquero de Llanes tendrá, según Agustín Ibarrola, un fuerte impacto internacional, tanto por sus dimensiones como por su originalidad y, también, «porque será mi obra más poderosa».

La empresa danesa HEMPEL, con fábrica en Cataluña, sirve desde su delegación de la Zona Norte en España la pintura y el apoyo técnico necesarios para la realización del proyecto. HEMPEL dispone de una división especializada en pinturas industriales marinas para plataformas petrolíferas, barcos, buques, etc.

«Los cubos de la memoria», cuya primera fase fue inaugurada y abierta al público a comienzos de octubre de 2001, se ha convertido en un elemento dinamizador de primer orden para la actividad cultural y turística del municipio llanisco, en el «icono universal de Llanes» (Antonio Trevín).

La puesta en valor de la obra alcanzará su verdadera dimensión con la aplicación de un conjunto de acciones complementarias que parten del indudable poder de convocatoria de la propia intervención artística y de su capacidad para despertar el interés del viajero por conocer los lugares del municipio que fueron motivo de inspiración para algunos de los temas plasmados por Ibarrola en los bloques.

ARTISTA INTERDISCIPLINAR

Las pinturas sobre los grandes y apilados bloques de este espigón portuario tienen variadas composiciones, con un tratamiento estético capaz de componer una obra integrada a modo de potente mural o de poderoso conjunto escultórico policromado de variados escorzos, que se puede contemplar desde diversos puntos de observación, próximos o lejanos. Es la obra de un artista interdisciplinar, como se considera a sí mismo el propio Ibarrola: «Ni estrictamente pintor, ni exclusivamente escultor, ni por supuesto arquitecto del paisaje como algunos afirman».

«LOS CUBOS...

Las pinturas, tanto figurativas como no figurativas, se engarzan siguiendo una estructuración que el artista ajusta a la geometría de los cubos de hormigón y a la discontinuidad de sus aristas, prismas, volúmenes y superficies, para producir diversos efectos ópticos y conceptuales.

... DE LA MEMORIA»

El conjunto multifacético de «Los cubos de la memoria» refleja unos contenidos en tres dimensiones:

—La memoria del Arte, simbolizada en esos códigos prehistóricos que emergen puntualmente en una rotunda creación plástica de vanguardia.

—La memoria del artista, que transmite desde esta obra una síntesis de su larga y fecunda trayectoria creativa, en la que continuamente ha experimentado formas y posibilidades expresivas.

—La memoria del territorio, resaltada en los temas figurativos que dedica Ibarrola a enraizar su obra, representando algunos de los referentes más significativos de la naturaleza, de la prehistoria y de la historia marinera, rural, urbana y emigrante del concejo de Llanes.

UN RETO EN DOS FASES

La intervención de Ibarrola, que él mismo considera el mayor reto artístico al que se ha enfrentado hasta el momento, se ha desarrollado en dos fases. La primera la realizó en el frente interior de la escollera del puerto (cara sur). La segunda la llevó en el frente que da a mar abierto (cara norte), coordinándose esta segunda actuación con las obras emprendidas por la Consejería de Infraestructuras del Gobierno del Principado de Asturias para defender ese frente exterior del puerto de los embates del mar con nuevos bloques de hormigón.

MIRADORES

La primera fase de la intervención se aprecia desde el mismo puerto, casi tocando los colores, y se contempla desde el «mirador» inmediato del antiguo «Tendedero de redes» junto al faro, así como desde otros puntos progresivamente más alejados: Puerto Chico, Punta de Toró, Ballota..., actualmente unidos por un itinerario peatonal. Este circuito de «miradores» se complementa con la senda que recorre la Sierra Plana de Cue (Campo de Golf / Capilla del Cristo), dando vista continua a la villa de Llanes y su entorno. La intervención sobre los cubos a mar abierto (cara norte) también se observa desde el puerto y desde la playa del Sablón y la punta del Paseo de San Pedro, o en barco desde el mar.

En estos observatorios, y siguiendo el recorrido que los une, Ibarrola considera que el espectador activo, en un ejercicio estimulante y lúdico, podrá cargarse de energía sensual, visual y estética, al contemplar la obra y el paisaje marino que la rodea desde distintas posiciones, construyendo el caminante (o el navegante) un espacio plástico propio con sus desplazamientos.

RUTAS DE LA MEMORIA

Los diversos tratamientos artísticos y las diversas simbologías plasmadas por el artista en esa triple dimensión de «Los cubos de la memoria» (arte, artista y territorio) podrán reconocerse siguiendo «Las rutas de la memoria», guía cultural ilustrada destinada a divulgar su obra una vez concluida.

Especial atención se dedicará en estas «rutas» a la «memoria» del territorio, a explicar la influencia en el paisaje llanisco de la historia y de la cultura, los usos y las costumbres, o las creencias religiosas y mitológicas. Porque para Ibarrola «el paisaje ha sido construido por el hombre desde que existe; el paisaje que vemos todos los días tiene la geometría que el hombre le ha venido dando a lo largo de toda la Historia». «Los cubos de la memoria», además de despertar el interés por el Arte y por la trayectoria del artista, pretende propiciar entre los viajeros el interés por explorar el territorio que visitan. En este sentido, Ibarrola desea que su obra artística sea una invitación, una invitación permanente a descubrir, conocer e interpretar un paisaje humanizado, plural y potente, como es el paisaje llanisco.

OMA, ALLARIZ, LLANES, CUENCA DEL RHUR

«Los cubos de la memoria» convierten a Llanes en la bisagra asturiana de las principales actuaciones realizadas por Ibarrola, durante las dos últimas décadas, en espacios abiertos de la cornisa cantábrica, al estar equidistante de su «Bosque pintado» (1983-1987) del Valle de Oma (Vizcaya), y de su «Piedras y árboles» (1999) realizada en Allariz (Orense).

A la intervención de Llanes siguió la realizada a finales de 2002 en la cuenca minera alemana del Rhur, en el marco del programa de reconversión cultural de esa comarca europea que dirige el belga Gérard Mortier. Allí las viejas traviesas ferroviarias, trabajadas artísticamente por Ibarrola, se sitúan en la cima de una escombrera de carbón formando un gran semicírculo que, recortándose sobre el horizonte, sirve de fondo totémico para un teatro al aire libre excavado en esa colina de origen minero.

GEOMETRÍA, ESPACIO, ARTE, VIDA

En la larga trayectoria artística de Agustín Ibarrola varían los materiales que utiliza, desde los óleos y el papel, a las traviesas de madera, el hierro y el acero, los árboles, las rocas o los cubos de hormigón, materiales todos ellos en los que, según el artista, habitan la memoria y el deseo, la cultura industrial y el tótem primitivo, la arqueología y la ternura. Cambia de materiales, pero siempre hay en él una constante creatividad, con la geometría como punto de apoyo y el espacio como tensión y desafío, que aplica a esos grandes formatos que pinta —lo dice Ibarrola— para relacionarse «con las estrellas, la vida y las personas». Porque su obra surge de un proceso físico, intensamente vivido por este autor, que busca la participación y la correspondencia activas de sus semejantes.

Los estudiosos de la obra de Ibarrola consideran que es en los espacios abiertos, al aire libre, en la Naturaleza, donde este artista combina más intensamente racionalidad y fantasía, donde elabora su discurso más depurado de la geometría y la comunicación, donde, en suma, establece con más vigor su compromiso permanente con el arte y la vida, desde una humildad y una valentía que conmueven. Porque en esos espacios abiertos —como afirma el crítico Juan Ángel Vela del Campo, buen conocedor de la personalidad y de la obra de Ibarrola— «no hay lecturas retóricas. Todo es transparente. Y a la obra de arte, a la colosal aula abierta de las formas y los colores, se unen los pájaros, las tormentas, el viento y las nieblas, en un proceso de integración tan estimulante como intimista».

(Fuente: Alberto Pardo, responsable de comunicación. Ayuntamiento de Llanes.)

Algunas reflexiones del autor sobre la obra

El puerto de Llanes está rodeado de una montaña de cubos de hormigón que lo protegen. Los cubos, con sus vértices y aristas dispuestos para romper las fuerzas de las olas, crean un paisaje caótico e irregular, una montaña hueca llena de cavernas que han de absorber la enorme fuerza del mar Cantábrico.

La mar rompe al borde de la montaña de cubos, pero su sonido se prolonga por el interior hasta debajo de donde pintamos. Así es que tanto el sonido como las vibraciones de los cubos de sesenta toneladas han influido en esta pintura.

Yo no quise ver solamente las paredes de los cubos. Esas paredes se inclinaban en diversas direcciones formando pequeñas y grandes agrupaciones con espacios reducidos, íntimos, y con espacios muy abiertos y amplios, ofreciendo puntos de visión muy cambiantes. Pintar sobre las múltiples superficies de una impresionante cantidad de cubos ya ha sido por mi parte una primera elección de soporte poco convencional.

Ante este mundo de cubos de geometría idéntica a la de cualquier otro puerto en cualquier lugar de la Tierra he contemplado el paisaje de Llanes y de Asturias, y he querido que mi pintura contenga algo de la historia de sus gentes. Así, en los rincones más apropiados he recogido sus pinturas milenarias, sus formas de vegetación relacionadas con su desarrollo económico, sus herramientas de trabajo, la emigración, personajes y leyendas.

Por eso he querido que mis cubos no fueran solamente geometría conceptual. La geometría la he desarrollado desde mi memoria estética comprometida con mi tiempo, que está presente en mis pinturas, grabados, esculturas, bosques y rocas.

Esta montaña artificial de hormigón sumerge parte de su dimensión con las mareas, lo cual me ha hecho considerar las partes que debía cubrir de color y las que debía dejar sin pintar. Además he debido seleccionar cuidadosamente los cubos que van a estar más tiempo sumergidos produciendo efectos ópticos, como los peces que se mueven o los ojos que nos miran desde el fondo del mar. (...)

La acumulación de cubos produce una gran acumulación de colores y líneas donde los conjuntos se perciben sin orden aparente, pero generando sorprendentes composiciones. En estas condiciones, los cubos tienden a perder su propia geometría e incorporan la parte pictórica general de todos ellos. Es entonces cuando se hace más presente que, en obras como ésta, no existe una única mirada frontal. (...)

Algunas de las caras de los cubos no están cubiertas de color para sacar partido del color y materialidad propias del hormigón. En este punto debo decir que la elección de los distintos colores, el peso asignado a cada uno de ellos y su papel en el conjunto de la obra han sido de una profunda reflexión. La relación entre un cubo y otro es muy compleja, porque unas veces es en base a un solo color y otras con colores muy variados.

Pero las identificaciones fundamentales en esta obra las establecen las líneas rítmicas espaciales. La línea tradicional suele ser el dibujo de una forma figurativa o abstracta. Yo estoy empleando líneas estructurales espacial y conceptualmente muy distintas. La línea estructural define el encuentro y las relaciones entre las distintas superficies del cubo. (...) La línea estructural sirve para establecer la relación de continuidad entre las distintas caras del cubo mediante la eliminación o alteración pictórica de las aristas. (...) De este modo, la línea estructural altera la superficie del cubo, modificando su condición de plano.

Este tipo de línea tiene cierta relación con las utilizadas en los sistemas de negativo-positivo, pero sin las derivaciones exploradas por artistas pertenecientes a los movimientos de Arte Cinético.

En presencia de colores muy contrastados, la invasión de un color por los colores exteriores a él logra interpenetraciones simples, incluso entre las diferentes caras de un mismo cubo. No obstante, sin la línea estructural, más profunda que la negativo-positivo, tales interpretaciones no alcanzarían la suficiente potencia de imagen capaz de alterar la geometría real de los cubos.

El tratamiento de la comunicación entre las diferentes partes del cubo es un hecho singular en esta pintura del puerto. En mis cuadros no hago exactamente lo mismo, aunque pinte con líneas estructurales. En un cuadro parto de la existencia de una sola superficie con sus límites. Los límites de las superficies nunca han sido neutros en la historia del arte. Después del Renacimiento, fundamentalmente, los límites han sido siempre tenidos en cuenta para establecer las composiciones e incluso para remarcar los ejes que indican el sentido de lo que se representa. En la actualidad, los límites de un lienzo son un campo muy activo desde el que se entra o se sale con un tipo de composición no compensatoria o no centrada. Se puede asegurar que la primera materia de la creación pictórica se halla en el mundo exterior al lienzo, en sus límites reales. Por eso, ante un lienzo en blanco, lo primero que hacemos los artistas es mover las manos y la mirada como modelando el movimiento de las cosas.

La concepción espacial desarrollada a través de la utilización de líneas estructurales en «Los cubos de la memoria» rompe el volumen real del cubo y acaba con las fronteras impuestas por las aristas entre sus distintas caras. Sin líneas estructurales, las diferentes caras de un cabo resultarían independientes entre sí, como lienzos dispuestos en sus respectivos bastidores. La línea, por tanto, no ejerce la función de dibujar una figura como si a su alrededor existiera un espacio-aire entre planos superpuestos. Una línea pintada en una cara que continúa en otra realiza una comunicación por medio de su propia torsión, así como la de los espacios que define a sus lados. La línea estructural podría representarse como una banda que conserva su espesor en todo su trazado y que se pone de canto de perfil acompañando a los espacios que se alteran en forma cóncava o convexa a cada uno de sus lados.

A mi juicio, este tipo de intervenciones artísticas están insuficientemente valoradas. Para el entendimiento artístico convencional, estas intervenciones no constituyen verdaderas obras de arte, puesto que se sitúan al margen de los valores consagrados en los circuitos comerciales y expositivos. Sin embargo, el valor de una obra de arte reside, precisamente, en los valores estéticos que contiene. La investigación acerca de la construcción del espacio pictórico mediante líneas estructurales y colores realizada en esta obra constituye su valor fundamenta

Monasterio e iglesia de San Salvador de Celorio

Monasterio e iglesia de San Salvador de Celorio. La fundación de este cenobio se remonta al siglo XI según una inscripción conmemorativa situada en el claustro, y hoy desaparecida, que atribuía la construcción del templo a Alfonso Suárez y su esposa, Cristilde, dos influyentes nobles asturianos, en la era 1055, año de 1017. Regentado por benedictinos al menos desde el siglo XII, acumuló a partir de entonces mucho poder gracias a su política de compra de propiedades del entorno durante esa centuria y a la abundancia de donaciones recibidas de todo el oriente asturiano en el XIII, desarrollando una positiva labor de colonización del espacio rural a través de la puesta en marcha de explotaciones agrarias con novedosas técnicas agropecuarias. Celorio, ahora localidad de veraneo al borde del mar, nació al amparo del monasterio, el cual, como etapa reconocida en la ruta costera jacobea con parada en San Salvador de Oviedo, tuvo hospedería para peregrinos abierta desde 1198, año en que estaba dirigida por el abad del convento.

Del conjunto monástico, ampliado en el s. XVII y desamortizado en 1835, hoy únicamente quedan vestigios románicos en la torre (s. XII-XIII), y una portada del románico tardío (s. XIII) y de arquivolta lisa en el interior de un templo totalmente renovado en los siglos XVII y XVIII.

La aislada torre cuadrada, de tres plantas delimitadas por impostas y decrecientes en altura y dimensiones, trasmite, por su forma externa, solidez y hermetismo. La iluminación natural la proporcionan en los dos primeros cuerpos cuatro saeteras de derrame interno y grandes vanos divididos en el superior, que es el único espacio calado, abierto, de la edificación. La entrada a la torre se efectúa por la sacristía sur de la iglesia.

Senda costera cicloturista (BTT) y peatonal, Tramo, Bustio - Pendueles (Llanes)

Código internacional E-9.

Fin de tramo: Bustio— Pendueles

DESCRIPCION DE LA SENDA

El trazado comienza en el Parque de la Remansona (Bustio), y continúa, una vez cruzada la N-634 por un paso interior existente, por pista de zahorra de 3’50 m de ancho, recorriendo los barrios de la Texera y Salcea, en una longitud de 1.500 m, hasta enlazar con un camino real que llevará a Pimiango. La señalización, colocada cada 1.000 metros la kilométrica, y en cruces y desviaciones la direccional, acompañará en todo el trazado para evitar dudas a los usuarios.

Como sitio de interés es de destacar la existencia del Puerto Pesquero de Bustio en las inmediaciones del comienzo de la senda,si seguimos la carretera aglomerada una vez cruzada la N-634.

Desde ese punto de intersección, tendremos la posibilidad de conocer las Ruinas del Monasterio Tina y la Ermita de San Emeterio. Para ello tomaremos el camino de zahorra existente que cruza la Ería Nueva, y tras atravesar en bajada el eucaliptal de la zona de Tina,desembocaremos en las ruinas del Monasterio de Tina, antigua construcción que conserva en sus muros (ver cartel informativo).

Desde ahí cruzaremos el reguero de Bartolo, a través de una pasarela en madera laminada tratada, y continuando la senda, bordearemos el Monte las Gurizas, para desembocar a la carretera del Faro de San Emeterio, desde donde podrán llegar a la Ermita de San Emeterio y al área recreativa de El Pindal, para conocer las Cuevas prehistóricas del Pindal y disfrutar de unas panorámicas muy bellas de la Ensenada Moral.

Incorporados a la carretera de El Faro de San Emeterio, llegaremos al Mirador del Picu de Pimiango, desde donde la Senda nos llevará directamente al núcleo de Pimiango desde donde tendremos unas vistas maravillosas a la izquierda (valle prelitoral a los pies del Cuera y de fondo los Picos de Europa), y a la derecha (rasa costera y el horizonte marino).

Salimos de Pimiango por la carretera local RD-1, cruzando sobre la vía de FEVE (Oviedo – Santander).

Seguimos camino, hasta cruzar la N-634, tras lo cual giraremos a la derecha. Continuamos por camino asfaltado y pasamos por delante de la Capilla de El Cristo, para luego girar a la izquierda por la RD-3.

Por ella continuaremos hasta su conclusión, pasando por delante del camping El Mirador del Llavendes. Es entonces cuando pasamos a un camino que, cruzando por delante de las cuadras L’ Aixu, y atravesando los parajes de Serra y Tejavana, nos lleva a una carretera asfaltada que desemboca en La Franca.

Antes de llegar a la N-634 y sin cruzarla, nos incorporaremos al camino que va a Tresgrandas, para recorrer en ella unos 1.500 m., y abandonarla cuando encontremos un camino de zahorra que nos lleva a una zona conocida como La Peña.

Tras cruzar el río Cabra (por un puente que es monumento histórico y coincidente con la Ruta del Camino de Santiago), tomamos el camino que sube a la Sierra Plana de la Borbolla, hasta la carretera local LLN-4, donde giraremos a la derecha para llegar a Buelna, atravesando los lugares del Tobiu y Llavadero.

Una vez en Buelna, tras recorrer sus calles en dirección a la costa, y una vez cruzada nuevamente la línea de FEVE, encontraremos la Senda en zahorra bien diferenciada que nos dirigirá a Pendueles.

Una vez en Pendueles hemos recorrido un total de 21.600 m de senda Costera.

Playa Gulpiyuri

Gulpiyuri es una pequeña playa situada en posición retrasada respecto al borde costero y formada en su mayor parte por arenas cuarzosas. Se trata de una dolina inundada, inmersa en una plataforma cárstica y aislada de la superficie del mar abierto. Conecta con el mar a través de una caverna, con lo que se deja sentir la influencia de las mareas y la acción del oleaje.

Playa Gulpiyuri
Ermita de la Virgen de la Guía

Ermita de la Virgen de la Guía

La ermita de la Virgen de La Guía se asienta en un alto del este de la villa-capital. Obra del siglo XVII, conoció varias remodelaciones, añadiéndole en una de ellas las dos torres almenadas de sección semicircular.

Paseo de San Pedro

Construido en 1847, el Paseo de San Pedro, de césped natural, es un auténtico mirador sobre la Villa llanisca. Desde él se puede disfrutar de una panorámica única de Llanes, su costa y los montes de la Sierra del Cuera al Sur.

El lugar fue utilizado durante siglos como atalaya para el oteo de ballenas, bancos de peces o barcos enemigos (en épocas de guerra o de ataques de piratas).

Paseo de San Pedro
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Playa Cobijero

Playa Cobijero

Responde a una tipología de depresión circular, cerrada, conectada con el mar subterráneamente. Se revela como un importantísimo conjunto cárstico que le ha valido el reconocimiento de Monumento Natural por el PORNA (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias).

Fiesta de La Sacramental de Cué

En Cue, pueblo que está a 2 km de la villa de Llanes (capital del concejo o municipio asturiano del mismo nombre), se celebra su fiesta patronal, La Sacramental, declarada de Interés Turístico Regional.

Fiesta de La Sacramental de Cué
Ruta senderista de El Camín Encantáu

Ruta senderista de El Camín Encantáu

La ruta comienza en la localidad de La Venta, a 50 m de Puentenuevo —pequeño núcleo rural situado al borde de la carretera AS-115, que comunica Posada de Llanes con Cabrales, y distante 13 km de la villa de Llanes—, y discurre por el valle llanisco de Ardisana.

A partir de aquí y siguiendo las flechas indicadoras se llegará, a veces por caminos y pistas y en algunos tramos por carretera, a las localidades de Gomezán, La Maletería, Palaciu, Ardisana y Ricaliente.

Puerto Deportivo de Llanes

A finales del siglo XIX, era un puerto comercial y de cabotaje de bastante actividad debido a la dificultad de las comunicaciones terrestres. El primer proyecto para construir un espigón al que se llamó muelle de la Osa data de 1896 pero hasta la década de 1930 no se adopta la solución definitiva y basada en tres grandes monolitos de hormigón armado de 21 m x 12 m construidos en El Musel (Gijón). Se transportaron navegando, venían huecos y después se colocaban y rellenaban in situ. El relleno era de grava y finalmente de hormigón.

Puerto Deportivo de Llanes
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La Villa de Llanes

La Villa de Llanes, monumental y marinera, cuenta con un gran número de lugares de interés. Destacan su casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico; el puerto, donde se encuentra la obra “Los Cubos de la Memoria”, creación del artista vasco Agustín Ibarrola ; las Casonas de Indianos, paseos como el Paseo de San Pedro o la senda fluvial del Carroceu y playas como Toró, Puertu Chicu y el Sablón.

La historia oficial de la Villa de Llanes se remonta a comienzos del siglo XIII cuando obtiene el Fuero de Independencia bajo el reinado de Alfonso IX. Es entonces cuando comienza la construcción de las murallas, el Torreón, y la Basílica de Santa María.